Introducción

¿Sabe usted que la palabra trinidad no aparece en ninguna parte de la Biblia? Quizás usted se encuentra entre el grupo enorme de cristianos que han creído en la Santa Trinidad sin saber con certidumbre que este concepto tan trillado no aparece en las Sagradas Escrituras. Pues sencillamente la idea de un Dios trino es una conclusión a la cual han llegado los teólogos y estudiosos de la Biblia. La Iglesia no comenzó a enseñar la doctrina oficialmente hasta después del Concilio de Nicea, (Turquía) en el año 325 después de Cristo.

 

Es realmente desalentador conocer que hay cristianos que no saben responder a estas preguntas: ¿si Jesucristo es Dios, por qué dice que el Padre es mayor que él? o bien ¿si Jesucristo es distinto al Padre por qué dijo el Padre y yo somos uno?

 

Personalmente también creo en la Trinidad y cito otro versículo importante que quizás ha sido clave para que la iglesia cristiana reconozca la doctrina de la Trinidad. 

 

Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. (1ra Juan 5:7).

 

Creo que definitivamente hay un sólo Dios, un sólo Creador, y una Primera Causa de todas las cosas. Que esta deidad puede manifestarse en tres formas perfectas, que comparten los mismos atributos y la misma naturaleza en forma absoluta. Por lo tanto estos tres constituyen el único Dios verdadero, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

Todos pueden coexistir en perfecta y santa armonía, la cual no podemos a plenitud imaginar y menos aún comprender.

Una analogía terrenal

Hay un ejemplo terrenal muy simple que podría ser de ayuda para algunos creyentes nuevos en los caminos del Señor. El agua se compone de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno; pero puede presentarse en tres estados diferentes: líquido, gaseoso o en forma de vapor.

 

En todos estos estados se conserva la unión molecular en perfecto equilibrio. Este sencillo ejemplo podría darnos una idea (difusa) sobre el trío de las Personas Divinas de la Trinidad, pues existen en una misma esencia y en un mismo sentir desde la eternidad.

Nosotros, en nuestra propia necedad y en la falta de luz plena por el pecado que nos asedia, nos hemos inventado estos diagramas para tratar de entender el misterio de la Trinidad.

 Soy testigo de Jehová

Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. (Isaías 43:18 y 11).

Definitivamente que soy testigo de Jehová, porque proclamo que el Dios que se le apareció a Moisés en una nube de gloria y en forma de fuego en el Monte Sinaí. (Éxodo 13:22)  Es el Jehová Adonai, Elohim, El Shaddai, el Jehová Jireh y el mismo de otros nombres más. Es quien también se apareció a Daniel, en una visión nocturna como el Anciano de Días (Daniel 7:13). Sin considerar jamás la idea, de que nuestro Dios es un viejo bonachón y de barba blanca.

 

Es el Jehová de los ejércitos, quien escogió al pueblo de Israel por Su soberana potestad, y los sacó de tierra de servidumbre (pecado) para peregrinar por un desierto (mundo) y guiarle después de sufrimientos y luchas a un tierra prometida que fluía leche y miel (Canaán Celestial). Es el mismo Jehová que hoy nos ha escogido a usted y a mí y nos conforma en un nuevo pueblo y bajo un nuevo pacto. (Jeremías 31:33). 

¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?. Y respondió Dios a Moisés: Yo Soy El que Soy. Y así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros. (Éxodo 4:11 y 3:14).

Soy testigo de Jehová porque testifico que el Gran Yo Soy se convirtió en Hijo, se hizo tan humano como usted y yo, y fue tentado como uno de nosotros.

(Hebreos 4:15).

Jehová Jireh (Proveedor) el mismo que le dio el cordero a Abraham para su sacrificio, es el Dios que provee su propia sangre santa para la remisión de todos nuestros miserables pecados. (Génesis 22:14).

Entiendo que las figuras de Padre e Hijo de Dios se utilizan en las Escrituras con el fin de darnos una cierta luz de Jehová y de Jesús para el orden terrenal en el cual  nosotros vivimos y nos desenvolvemos; mas Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo son uno y no hay tres divinidades a las cuales diferenciar o adorar. 

Soy testigo de Cristo

 

Porque un testigo es alguien que da fe de un hecho y lo proclama. Y esto quiero proclamar al mundo que el Gran Yo Soy es Jesús el Salvador, es una persona a quien puedo con mi naturaleza carnal y pecaminosa acercarme y abrazar. Mi Jehová tiene hombro y sobre Él me puedo recostar. Mi Jehová tiene pies y sobre ellos puedo llorar. Con Jehová, mi Cristo me puedo totalmente franquear porque siento su gracia y su amor sin cesar. 

¡Qué misterio tan Divino! el Gran Yo Soy del Universo, 

Jehová de los Ejércitos se hace uno como nosotros y nos deja poderle ver y tocar. (Mateo 1:23).

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.  Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (Juan 1:1-4). ¿Quien era el Verbo? Pues era Jesucristo, no creado, ni engendrado, sino que es el mismo Jehová del Antiguo Testamento quien se personifica como Jesús, mi Salvador Personal.

Jesús no se engendra con María y José. El expresa su eternidad en el tiempo y nos dice: De cierto, de cierto os digo que antes que Abraham fuese, yo soy. (Juan 8:58). Yo y el Padre uno somos. (Juan 10:30).

¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? (Juan 14:9).

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (Juan 11:25). Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. (Apocalipsis 22:13).

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