por su gracia y su perdon

que podemos ser

llamados instrumentos

de tu amor.

Por Samuel Santiesteban

"Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo,

sino la gracia de Dios conmigo". (1Cor 15:10)

Hace pocos días un amigo pastor me llamaba por teléfono y me felicitaba por los ensayos. El en forma de broma y muy alegre conmigo me preguntaba si aún tenia neuronas y corazón para vertir en la red algo bello que pudiera seguir siendo de bendición a otros.

 

Hay un salmista actual que ha tenido una carrera de comercio del evangelio muy grande; pero a pesar de esto hay que reconocer que tiene canciones con una profundidad teológica excelente.

 

No han faltado las críticas a Jesús Adrian Romero; pero la verdad que creo que debe tener una relación personal con Dios para poder componer estas alabanzas. No le juzgo sino que disfruto lo que a mi corazón llega y hace impacto.

 

En este artículo solo quiero reflexionar sobre uno de sus estribillos en esta canción, con la que anexo un video al final del ensayo. 

 

"Y es por tu gracia y tu perdón que podemos ser llamados instrumentos de tu amor". 

 

Los que recibimos esta gracia sabemos que este verso de Jeremías es para nosotros. Y estas palabras nos llegan hasta los huesos y penetran en lo más hondo de nuestras almas.

Ya nada; pero nada puede cambiar esos sentimientos de parte de Dios hacia nosotros. Somos personas selladas por Dios y para Dios, desde la eternidad y para la eternidad.

Ya no serán más nuestros esfuerzos religiosos, obras de piedad o cualquier otro tipo de aparente religiosidad las que nos garantiza el favor y la compasión del Señor por nosotros, sino su Inmerecida gracia.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

(Efesios 2:8 y 9)

 

Entonces, es por la gracia de Dios que hacemos esto o aquello, (no será para acumular méritos y galardones) sino que es un sencillo y humilde gesto de parte nuestra, por la correspondencia a ese amor eterno de Dios por nosotros.

Hemos sentido en lo más interno del corazón la sincera compasión y fidelidad de Dios por nuestras miserables almas, y estamos seguros de que:

 

“ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39).

 

A los que Dios nos ha revelado esta gracia nos ha insertado un chip divino en nuestras mentes y corazones que nos garantiza la fidelidad y el compromiso eterno de Dios para salvarnos y de rescatarnos del mismo infierno. Este pacto de Dios no falla y jamás se desvanece.

 

¡Oh¡ Aleluya, este es un aleluya genuino.. porque no será por nuestras miserables obras de bondad en esta tierra sino porque hemos reconocido que el bueno, el santo, el justo, el fiel y verdadero es Dios y no somos nosotros.

 

El romance de Dios con nuestras almas ha sido desde antes de la fundación del mundo. Dios ha  tenido un plan eterno para con nosotros ¡Alábale! Y quienes hemos recibido esa gracia de Dios reconocemos que somos tan malos que:

Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.(1Juan 4:19).

 

Desde el primer día que vinimos a esta tierra Dios ha estado trabajando con nosotros y no cesa ni un instante en hacerlo. Su gracia va paulatinamente dando frutos y obras en nosotros, las cuales no se

generan por nuestros esfuerzos sino que el Espíritu Santo está obrando en nosotros.

A través de cada situación y de cada detalle de nuestras vidas, Dios ha venido enamorándonos, ha querido que le amemos desenfrenadamente y sin reparos, donde él sea cada día más el Rey y el Señor de nuestras vidas.

 

Los que conocemos la gracia divina no estamos más preocupados por nuestras conductas sino que estamos anonadados e impactado de tanta gracia, por tanta belleza, y por el amor y misericordia del Señor para con nosotros.

 

¡Oh! en tal estado de romance divino de Dios con nosotros y de nosotros con Dios nuestras almas quieren ofrecer “algo”.

 

Tienen un agradecimiento indescriptible de dar a Dios “alguna miseria” a través de nuestras frágiles vidas y expresar en canciones, escritos, sermones, estudios bíblicos, programas especiales, ministerios, etc. algo de ese amor divino tan desbordante que fluye (por la gracia de Dios) en nosotros.

 

La gracia de Dios no la podemos explicar del todo bien a otros. No podemos repartirla, ni hacer que otros la sientan. Tampoco podemos hacer que la entiendan o la disfruten como nosotros. La gracia de Dios no es un libro de ciencias matemáticas o de astronomía. Esto es una revelación divina.

La sublime gracia de Dios la puede repartir Dios a quien quiere, cuando Él quiere, y en la medida que Él quiere. "Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo". (Efesios 4:7).

De ahí, el hecho de que todo lo que escribo en este portal y todo lo bueno que de mi corazón pueda salir es solo por la gracia del Señor Jesucristo en mí vida. Y puede estar matizado de mi pecado; pero a su vez es santificado por la sangre de Cristo que constantemente me limpia.

Y tengo la certeza de que el amigo lector que lee y disfruta de estas letras es porque también ha recibido la misma señal del cielo: La bendita e inexplicable gracia de Jesucristo ha flechado su corazón y ha hecho impacto en su vida.

 

Y solo por esa gracia es que vamos a danzar un baile eterno con la Trinidad. Allí no habrá más llanto, ni dolor, ni pecado mortal. Allí estaremos en el lugar para el cual nuestras almas fueron hechas para morar.

Gracia de Dios: Lo gratuito, la elegancia y la belleza de Dios, en un favor inmerecido y don concedido por Dios para ayudar al hombre a salvarse y hacerlo santo. Y esto sucede solo por el esfuerzo, la iniciativa y el poder de Dios. ¡Y nada puede aportar el hombre!

Es que la gracia es el sentimiento más profundo dentro de nuestro corazón de que Dios ha estado enamorado desde las edades eternas de nuestras almas.

 

¡Oh! que misterio de la deidad. Hemos recibido una señal extraterrestre, un destello divino que parte el corazón y el alma en dos. Y desde el más allá nos envían una santa revelación que nos dice:

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