El evangelio de Cristo

Introducción

El Evangelio de Cristo son noticias y no son un grupo de instrucciones o consejos para acercarse a Dios o para conquistar la Vida Eterna. El Evangelio de Jesucristo son las Bellas Palabras de Vida.

En el Evangelio se proclama la manera de Dios para reconciliarse con los hombres y no es la manera de los hombres para conquistar el perdón o el amor de Dios por los pecadores.

No podremos conmover el corazón de Dios a través de nuestros esfuerzos religiosos. No son nuestros "actos piadosos" los que nos pueden asegurar la bondad y/o la compasión del Señor.

Punto # 1.

Nacemos con una naturaleza pecaminosa y estamos incapacitados para lograr una relación personal con Dios. 

Desde la caída del hombre en el huerto del Edén, toda la tierra queda maldecida por el pecado y todos los hombres comienzan a nacer con una naturaleza totalmente pecaminosa.

 

Desde entonces, la raza humana queda totalmente depravada y la Biblia declara que todos estamos "muertos en delitos y en pecados". (Efesios 2:1).

Aquella voz de Dios que se paseaba por el huerto del Edén dejó de tener plena comunión con el hombre y fuimos expulsados del paraíso por nuestra rebelión. (Génesis 3:24).

 

La necedad de Adán y Eva fue tan terrible que en su rebeldía contra Dios buscaron hojas de higuera para cubrir su desnudez física y espiritual.

Dios les quita las hojas de higuera (su religión) que prepararon con sus propios esfuerzos y los cubre de pieles. (Génesis 2:21). De esta forma Dios lleva a cabo el primer sacrificio del universo y apunta al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. (Génesis 3:15 y Juan 1:29).

Desde el huerto del Edén Dios toma la iniciativa y promete al redentor. Es Dios quien hace la promesa de conquistar otra vez la relación con nosotros, a través del Plan Divino del Redentor.

 

En medio de toda nuestra desgracia Dios nos promete un Salvador pues Él ha entendido que:

 No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.  (Romanos 3:10-12).

Punto # 2.

Nuestra rebelión congénita nos condujo a una condenación y separación por la eternidad de la presencia de Dios. 

Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:23).

Y esta muerte no es sólo física, sino que también es una muerte eterna, donde el alma queda totalmente separada por una eternidad de la presencia de Dios, quedando en un lugar de tormento eterno llamado infierno, y la verdad que esto suena espantoso porque allí no habrá un ápice de luz ni de bondad.

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. (Romanos 3:23).

Usted y yo nos hemos rebelado mil veces contra Dios y hemos considerado la idea de sacarlo de nuestras vidas. ¡Qué triste si usted así no lo ha reconocido! porque si a usted o a mí nos hubieran colocado en el paraíso también hubiéramos hecho lo mismo que Adán y Eva, o muy probable algo peor.

Punto # 3.

Dios toma la iniciativa de insertarse en este mundo, hacerse humano, vivir como un santo e ir a la muerte de cruz.

(Juan 10:18).
 

Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8).

Jesús vivió en esta tierra una vida santa y cargó el castigo que nosotros merecemos por todas nuestras maldades. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:5).

 

El tercer punto del Evangelio de Cristo declara que usted puede ser salvo a través de la fe en el Hijo de Dios.

 

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 

Porque no envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo sino, para que el mundo sea salvo por Él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Juan 3:16-18).
 

Punto # 4.

La salvación es un regalo de Dios y no puede el hombre negociar esto de ninguna manera.

La salvación es un favor inmerecido de parte de Dios hacia el pecador. Es una compasión que procede de Dios para todo hombre que cree y deposita toda su fe en la obra que Cristo hizo en la cruz del Calvario por él.

Punto # 5.

El hombre pecador e impío es declarado justo y santo. 

El que cree en Cristo es salvo por gracia y justificado por la fe.

Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, 

sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

(Gálatas 2:16).

Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y toda tu casa.

Hechos 16:31.

Dios te ha amado tanto - Grupo Renacer
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