El legado teológico de los

himnos de mi infancia.

Uno de los errores fatales de la predicación del evangelio de nuestros días es que toca muy poco o casi nada los problemas y las angustias que el cristiano afronta.

Se está predicando un evangelio muy superficial que está mezclado de mucha psicología, humanismo, e incluso de materialismo y/o del esfuerzo del hombre. 

Este es otro de estos clásicos himnos de mi infancia donde el compositor reconoce las vivencias del cristiano auténtico.

Que siente pesares, dolores, tiene aflicciones. Y la lista crece y escribe de situaciones más profundas de su corazón. El cristiano se siente vulnerable a la lucha de este mundo. 

Tiene amarguras, temor, tristezas y conflictos o penas aquí. No obstante, el compositor repite sin cesar:

Cada momento, conmigo Él está. Cada momento me guarda el Señor. 

"En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo". Jesús.

 

De verdad, que cada estrofa de este himno respalda las doctrinas de la gracia. Es una lástima que están desapareciendo del repertorio de alabanzas cristianas de nuestras iglesias evangélicas. 

A veces le doy gracias a Dios por la época que me tocó vivir porque a pesar del legalismo y de la religiosidad en que me vi envuelto, es cierto que el legado teológico de los himnos de mi infancia es un tesoro incomparable que alberga mi corazón.

Comprendo que la música puede parecer vieja para muchos, también los ritmos y la instrumentación; pero los escucho, los llevo en mi auto y son parte del aliento que recibe mi alma en mi diario vivir. 

 

¿Tengo flaquezas o débil estoy? Cristo me dice: Tu amparo yo soy. Cada momento, en sombra o en luz, siempre anda junto conmigo Jesús.

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