Introducción

El mundo sigue sin entender el abismo que sucumbe entre los conceptos de la religión y la fe cristiana. 

 

Sin embargo, desde el pecado original se observa claramente las diferencias de una idea y la otra. Nosotros, los pecadores, hemos caído en el error de colocar el misterio de la fe en Dios al mismo nivel y en el mismo saco del resto de las religiones paganas.

En el huerto del Edén, luego del pecado que cometieron originalmente Adán y Eva se le fueron abierto los ojos y fueron como dioses sabiendo el bien y el mal. Se ven por primera vez desnudos y se contemplan el uno al otro con una maldad y una sutileza que antes del pecado no tenían, entonces deciden resolver el asunto a su manera, con sus esfuerzos y sus propias iniciativas:

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. (Génesis 3:7).

Dios está en control y nada ha pasado en el paraíso que Él no conozca. Él continúa Su plan divino y a Su manera resuelve arreglar la gran tragedia de desobediencia, orgullo, envidia y vanagloria del hombre pecador contra Su Creador…y luego de una serie de regaños y disciplinas del Señor, dice así las Escrituras:

 

Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. (Genesis 3:21).

No sólo Dios hizo las túnicas de pieles, sino que también Dios mismo los vistió.

 

Dos verbos importantísimos con dos acciones significativas y excelsas. Sin temor a la equivocación aseguro a mis queridos lectores que las iglesias están llenas de estos dos tipos de cristianos: los que tiene un disfraz gestionado por sí mismos y a los que se les ha dado y se les ha vestido con un traje muy elegante y divino de arriba.

Desarrollo

Obviamente que Adán y Eva no confeccionaron algo con sus hojas de higuera porque tenían frío, sino porque se sentían culpables, avergonzados, sucios, atemorizados, separados y en rebeldía contra Su Hacedor.

 

De tal manera, que pensaron que con las obras de sus manos y su inteligencia de hacerse pequeños dioses podrían cubrir sus pecados y serían contemplados por Dios de una manera diferente; pero nadie es salvo por sus obras, por su ingenio o su iniciativa sino mediante la sangre de Cristo, provista por Dios y dada por El mismo.

Esta es una lección muy espiritual y celestial. Si Dios revela a tu alma este misterio y atesoras en tu corazón este mensaje, dejarás de ser religioso para convertirte en una persona de fe. Esta es la gran diferencia entre la religión y la fe cristiana. Mientras la primera está dada por los esfuerzos humanos, la segunda es hecha y otorgada divinamente por la iniciativa del Salvador.

 

Adán y Eva no tuvieron la capacidad de cubrir sus pecados con las obras de sus manos y usted y yo tampoco la tenemos. Nuestros delantales de hojas de higuera no sirven para nada. Nuestra propia hipocresía religiosa solo nos conducirá al mismo infierno.

 

"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento." (Isaías 64:6).

 

Hay que reconocer de una vez y por todas, la Soberanía del Hacedor y la iniciativa de Dios,  El cual descendió, se entregó, se crucificó y vertió su sangre por nosotros, para cubrirnos de multitud de pecados.

 

Los fariseos y los religiosos modernos, siguen usando sus hojas de higuera las cuales no cubrirán su vergüenza de ningún modo, por más alto estilo de diseño que tenga el que las confeccione. Su trajes, sus estribillos religiosos, sus movimientos del cuerpo y el ornamento de sus atavíos nunca podrán justificar el alma del religioso.

La máscara

es muy usada por los religiosos 

hipócritas

mas nadie podrá ocultar para siempre la miseria de un corazón pobre.

Conclusiones

Hipócritamente podemos dar la apariencia (por fuera) de que estamos andando por la senda estrecha y recta de la justicia; pero por dentro andamos conduciendo por la autopista de la maldad. La mayoría de los cristianos superficiales ven el disfraz del santurrón y no la maldad que se anida en el corazón de ellos. Hay que tener discernimiento de lo alto para sentir el abrazo fingido, escuchar la frase cargada de hipocresía y observar la mirada cautelosa del religioso. Doy gracias a Dios de lo más hondo de mi corazón porque Él me lo ha dado.

 

Por lo tanto concluyo que es la sangre del Cordero de Dios (Cristo) quien nos cubre de todo pecado. (Juan 1:29). Y no hay otra solución para nuestra vida pecaminosa y no existe en el peregrinar de este mundo otra salida para el pecado que nos asedia que aceptar el vestido que hizo Dios y con el cual Él solo puede vestirnos, porque nosotros no sabemos ni podemos.

 

Debes aceptar las vestiduras santificadas (El Sacrificio de Dios) que el Señor te ofrece para que puedas entrar a Su presencia sin manchas y sin arrugas, con un atuendo emblanquecido por el poder de la Sangre del Santo Hijo de Dios, quien murió en el Calvario por todas nuestras rebeliones.

 

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios" (1Cor. 6:11).

 

Benditos aquellos que lucen radiantes las túnicas de La Justicia De Cristo, hechura de las manos santas del Creador por las cuales se obtiene la abundancia de Su Gracia y la misericordia de Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

¿Tienes un disfraz puesto o te han dado un vestido de arriba?

  ¡Escucha esta alabanza, al menos dos veces!

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