Se ha preguntado alguna vez: ¿Soy en verdad obediente cuando Dios me llama? Esto indica que su preocupación es sincera, y quizás usted no ha podido dedicarse por completo al ministerio o bien no tiene suficiente sostén o apoyo para sostenerse y vivir sólo de la predicación del Evangelio. 

¿Le guiará Dios por las circunstancias, o será que le falta fe? Hemos de considerar esta cita: Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. 

(Romanos 11:29).

La idea del texto es que Dios en su fidelidad no va cambiando de idea de un día para el otro, ni de un mes para el otro, ni dentro de un año o siglos. Dios no cambia. Nosotros los hombres siempre estamos cambiando de opinión y de acción; pero Dios nunca, nunca cambia. (Salmo 33:11).

 

El consejo de Dios es eterno. De principio a fin, Él sabe todas la cosas. Hace sus determinaciones de acuerdo a Su gloriosa voluntad y a Su divina gracia. Millones de gracias le doy a Dios porque Él no obra de acuerdo a mis equivocaciones; pero de acuerdo a Su Propósito Eterno. Cuando Dios decide, esa decisión es gloriosamente irrevocable. 

 

1. Cuando llamó a Israel, lo llamó para que fuera su pueblo eternamente. Conocía sus debilidades, sus pecados, sus fallas, sus idolatrías; pero en Romanos 11 donde habla de la salvación de Israel. Pablo usa la gran fidelidad de Dios y Su naturaleza inmutable para declararnos que irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios e Israel será un día, restaurado.

2. Cuando llamó a Abraham, lo llamó sabiendo que iba a mentir en Egipto, a meterse con Hagar; pero a pesar de saberlo lo llamó irrevocablemente. 

3. También llamó a Moisés. Sabía que Moisés le iba a fallar, que intentaría robarle gloria y atribuirse poder que no tenía al golpear la roca; pero el llamado de Dios es irrevocable. Moisés creyó en ese llamado irrevocable de Dios.

4. Antes de Dios llamar a David sabía todo lo relacionado con Betsabé y Urías mucho antes de haberle llamado; pero sabiéndolo todo, le llamó. Y ese llamado y aquellos dones también fueron irrevocables y escribió muchos Salmos que han dado aliento y fuerza espiritual a millones de cristianos, a través de los siglos.

5. Cuando Dios le llamó a usted y a mí ya Dios sabía muy bien todas las faltas o pecados que íbamos a cometer. Conocía todos los borrones y metidas de pata nuestros; pero también Su llamado y Sus dones para nosotros fueron irrevocables.

 

Gracias demos a Dios porque nos llamó eternamente. ¡Glorificado sea Dios!

 

Si en verdad Dios te ha llamado a Su servicio entonces, Dios no se ha equivocado y no se va a equivocar jamás. Dios no cometió un error ni lo va a hacer nunca. Él te llamó porque te quería así, tal como eres tú y a pesar de lo que eres. Así opera la gracia maravillosa de Dios, en nosotros.

Acaso, ¿Quién merece ser salvado de sus pecados? o ¿Quién merece ser llamado para ser un pastor, un misionero o un líder cristiano? Todos fallamos y todos fracasamos de una manera u otra. Nadie es merecedor de tal llamamiento. Todo sucede por la pura y soberana Gracia de Dios.

Dios nos llama sencillamente porque Él lo ha querido así y lo había planeado desde las edades eternas. No lo comprendo, no sé cómo aceptarlo, ni sé cómo reaccionar debida y correctamente; pero yo sé que sin lugar a duda son irrevocables los dones y el llamamiento de Dios.

 

Y es dentro de esta seguridad que al igual que Abraham, Moisés, David y cualquier otro siervo de Dios que debo aprender a obedecer, a confiar en Él y a vivir por la fe. No me queda otra opción, debo glorificar a Dios y debo servirle y esto haré a pesar de mis faltas y pecados.

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