¿Qué me cautiva más

de Dios?

¿Su Amor o  Su Juicio? 

Por Samuel Santiesteban

El Evangelio es la solución total para quienes están totalmente quebrantados. (Mateo 11:28)

 

No puedes disfrutar totalmente de ese amor irresistible de Dios (su gracia) sino no te sientes en verdad totalmente cansado y trabajado. Y este cansancio no es físico.

Y acaso ¿de dónde viene esta fe? ¿Puede el hombre gestionar tal tipo de fe? ¿puede hacer sacrificios para obtenerla?

 

¡No! La fe es un don de Dios; y a quienes él perdona (por gracia inmerecida) los hace arrepentirse, los cautiva, los atrae y pone en ellos la fe. Piensas en Dios porque él ha pensado en ti.

No puedes saborear de verdad de la gracia de Dios sino estas quebrantado. El evangelio es la solución de lo alto para quienes están sin resolver el pecado que hay en ellos.

 

Quienes no han sentido su suciedad y lo agobiante que es el peso de su pecado no pueden sentir la Gracia Bendita de Jesucristo. La matemática de Dios es divina y no es terrestre, es del cielo y no de la tierra. Esto funciona así.

Mientras más pecador te sientas,
increíblemente más la gracia te abraza.

Muchos cristianos en el mundo son muy desconocedores de una teología de la depravación total del hombre. Si no hay necesidad de perdón tampoco hay necesidad de La Gracia del Salvador.

Muchos predicadores empañan la luz divina del evangelio y atan moralidad a los hombres. Predican con gestión humana e iniciativa de los pecadores para alcanzar la salvación. Hacen pensar que hay mérito en ellos y que el hombre con su conducta puede impresionar al Amor de Dios.

Pantean incorrectamente que se puede encontrar algo de bueno en los hombres y que por ende, podrán mover el corazón de Dios con algo "digno de su voluntad" para buscarle.

 

¡Oh! Cuanto nos hace falta más convicción del pecado que mora en nosotros. De reconocer en verdad cuanto pecado mora dentro de nosotros.

Esta gracia nos guía paso a paso por el bregar en esta tierra y nos conduce al conocimiento de Dios. La Gracia de Dios es la única fuerza motora capaz de sostenernos en los momentos más terribles de esta vida terrenal.

Cuando contemplo a Jesús sufriendo por mi pecado y por mis transgresiones, llevando el castigo que yo merezco. Cuando contempla a Jesús suplicando el perdón por quienes lo clavaban en una cruz y lo crucificaron.

Cuando contemplo a un Dios que deja toda su gloria y baja, desciende, se humana y muere. Cuando soy capturado por esa gracia es entonces que me enamoro de aquel a quien llamo: Mi Amante Salvador Personal.

¡Basta ya! No más sermones con ira y rabia en el predicador. Son problemas de sanidad interior en el que predica y no es tanto la ira y el enojo del Señor. Dios me cautiva y me atrae por su incomparable e infinito amor por mí, que soy un miserable pecador.

Este es el favor del Señor a favor nuestro, un misterio incomprensible de La Gracia del Salvador. Nosotros, los pecadores estamos respondiendo a esa atracción porque sencillamente es la fuerza inexplicable de la gracia de Dios. No se trata de un deseo o una voluntad nuestra, sino que es el poder de Dios obrando en nosotros hoy.

 

El amor de Jesús, su tolerancia, su paciencia y su ternura conmigo son las cualidades que me atraen a él todos los días y así quiero nutrirme más y más de un amor que no termina y de una gracia divina que no tiene comparación.

La necesidad urgente de un Salvador, es más auténtica cuando estamos desprovistos de toda iniciativa humana para conseguir al Salvador.
Solo el toque de una gracia irresistible puede convencer al más vil pecador y engendrar a genuinos cristianos, quienes serán un poco más transparentes y menos religiosos.

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. (Efesios 2:1).

 

La palabra "muertos" es totalmente literal en este pasaje de las Escrituras. Estábamos totalmente muertos y no teníamos ningún tipo de gestión o iniciativa humana para movernos de ese estado de mortandad espiritual.

 

Totalmente destituidos de la gloria de Dios.

(Romanos 3:23-26) Acaso le pregunto a usted: ¿sabe quién puede resucitar a los muertos?

¡Oh! Cuán preciosa es esa voz tierna y suave de La Pura Gracia de nuestro Señor Jesucristo. Una voz que con amor tierno nos invita al arrepentimiento: ¡a nosotros, los pecadores!

 

Esta gracia nos cautiva, nos atrae con una fuerza inexplicable. El amor, la tolerancia y el perdón de Dios hacen que los pecadores puedan depositar toda su fe en el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario.

La gracia de Dios es clave en la vida cristiana. Por ella Dios nos permite ser capturados por su amor.

 

Sin la gracia de Dios, somos simples mortales que confiamos equivocadamente en nuestras propias fuerzas (esfuerzos) nuestra propia religión para lograr la vida eterna, lo cual es imposible.

Esto sé: Lo único que me ha devuelto a Dios es su Divina Gracia. ¡Tesoro incomparable que Dios pone en lo más profundo de mi corazón!

 "No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas". (Hebreos 13:9).
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