¿Cómo atenuar la señal de ruido de nuestra propia concupiscencia?

Por Samuel Santiesteban

Queridos amigos lectores hay una sola manera de poder aminorar esta señal de ruido presente en todo cristiano. Ese zumbido extraño y sucio que nos quiere conducir al mal como único se amortigua es escuchando una y otra vez las doctrinas sanas del Evangelio de Cristo.

 

¿Que significa rememorar el evangelio cada día? Es escuchar una y mil veces más todo lo que Cristo ha hecho por nosotros.

 

Es enfocarnos en la fidelidad de Dios, su obra perfecta, sus promesas y su gracia bendita. Es prestar atención a los pactos de Dios y al plan eterno que él ha establecido con su pueblo.

 

En otras palabras, la misma idea es recordar, repetirnos y meditar en todo el favor de Dios hacia nosotros, los pecadores. 

 

Una vez que comenzamos a escuchar todo lo que Dios ha hecho y ha enfatizar nuestra identidad en Cristo. De una manera mágica somos cada día transformados y paulatinamente esta señal de ruido (de concupiscencia) va a ser menos fuerte en nuestras vidas.

 

Como hijo de pastores siempre he tenido muchas luchas internas por esta señal de ruido que a veces me azota más fuerte que otras. Pero con todo mi corazón puedo afirmar que las enseñanzas de la gracia de Dios continúan haciendo un impacto muy profundo en mi vida.

Predicarme la gracia todos los días ha sido una conversión nueva al cristianismo. Es el re-descubrimiento de una fe cristiana que antes no tenía. Es abandonar la religión para ir cultivando una relación personal más auténtica con Cristo.

 

Todo los temas relacionados con la Gracia de Dios son un sonido apacible y dulce que pueden ayudarme a batallar con esa señal de ruido que quiere desintonizar 

mi alma, de la serena y clara voz de Dios.

 

Puedo afirmarles con toda la sinceridad de mi corazón que el mensaje constante de la Gracia de Dios jamás me ha producido cansancio. Nunca estas noticias me aburren al ser repetidas y jamás han dejado de tener una fuerza divina que me inspira y me mueve a una sintonía preciosa con mi Salvador.

 

No puedo apoyarme en mi propio esfuerzo para sintonizarme con Dios porque reconozco y siento que es endeble e inconstante siempre.

 

No quiero escuchar más las arengas y los gritos de un pastor. ¡No quiero! Quiero escuchar de esa maravillosa gracia una y mil veces más todos los días porque cada vez que de ella escucho hablar me sintoniza con Dios y hace descender los decibeles de esa señal de concupiscencia que en mi mora.

Quiero saber de un pastor que me recuerde al Dios de pactos porque he sido incumplidor de pactos e infiel. ¡Que bendición! saber que Dios es fiel.

Siempre que el cristiano escuche, reflexione y recuerde al Dios fiel y verdadero, al Dios que es constante y estable, al Dios que le ha alcanzado y salvado entonces podrá saborear como esta señal de ruido va perdiendo su intensidad y su fuerza.

Este Dios amoroso que ha decidido alcanzarnos a ti (si disfrutas de mi letras) y a mí, es el Dios que en su soberanía e incomprensible gracia soberana ha optado por redimir nuestras almas que estaban totalmente perdidas y muertas en sus delitos y pecados. ¡Oh! ¡Qué misterio tan profundo! 

 

No tenemos la explicaciòn de esto y ningún cristiano sincero la tiene; sin embargo hemos sentido el amor de Dios que nos toca y abraza aun en medio de nuestras infidelidades. Esta es: La Gracia de Dios obrando siempre y con eficacia divina, a favor nuestro.

Recuerdo un ensayo que escribí hace unos meses y les invito a darle un vistazo si aún usted no lo ha leído. Reflexionamos acerca de este contraste entre la fidelidad de Dios y la nuestra. Véase otro ensayo anexo al tema.

¿Que somos en Cristo? habremos de dar algunas pinceladas a este tema, porque es extenso todas las bendiciones que recibimos de esta nueva identidad. 

 

Soy Aceptado para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1:6)

 

Dios nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo. (Efesios 1:3-4)

 

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:10)

 

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es y las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5:17)

 

Estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo, en quien tenemos redención por su sangre y el perdón de todos nuestros pecados. (1 Juan 5:20).

 

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. (Romanos 8:1).

 

Las palabras, "en Cristo", "en Él", y "en el cual" se observan en todo el Nuevo Testamento y se puede hacer una teología muy enriquecedora para afianzar toda nuestra identidad como hijos de Dios.

 

Somos justificados. ¿Qué quiere decir ser justificado? Quiere decir ser declarado justo. ¿Cómo somos justificados ante Dios? Somos justificados en Cristo.

 

El Señor Jesús era perfectamente justo, y ahora Dios nos ve justos en Él. Él llevó nuestros pecados para que nosotros tuviéramos Su justicia. 

Al que no conoció pecado {Cristo}, por nosotros {Dios} lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él. (2 Corintios 5:21).

 

Como pecadores estábamos separados de Dios y teníamos temor de acercarnos a Su presencia. Pero ahora, en Cristo Jesús, podemos aproximarnos confiadamente a la presencia de Dios porque la sangre de Jesucristo nos ha limpiado de todo pecado. 

 

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. (Efesios 2:13).

¿Queremos atenuar la señal de concupiscencia en nosotros?

 ¡Meditemos en las doctrinas de la Gracia todos los días de nuestra vida! 

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