Porque nada trajimos a este mundo, y nada podremos llevarnos.

(1ra de Timoteo 6:7).

He llegado a pensar que aún las personas más agnósticas y ateas de este mundo se han hecho alguna vez en su vida esta pregunta...y si Dios llegara a existir de verdad ¿qué argumentos yo podría presentar a Dios?  

He hecho esta pregunta a muchos cristianos a través de lo largo de mi vida y siempre quedo impresionado de la ambigüedad de sus respuestas y de la falta de fundamento bíblico con la cual responden.

 

Son innumerables los creyentes en el mundo que no saben responder de una forma bíblica, bien contundente y firme. ¿Qué argumento vas a exponer frente al Tribunal Supremo de Dios?

Nada de esto es válido para presentar en la misma presencia de Dios. Esto hará que la maleta sea pesada; pero lo peor es que está descalificada para asegurar un argumento sólido que defina el destino eterno de nuestra alma.

 

Si somos un ápice de sinceros, junto con todas nuestras "buenas obras", debemos tener presente que Dios no olvidará todas nuestras barbaries en esta tierra, todos nuestros pecados, iras, amarguras, falta de perdón, nuestras artimañas para pasar por encima de otros, nuestras hipocresías, celos, envidias, lujurias, orgullo, la lista puede ser demasiada extensa.

 

Cuando reflexiono con sinceridad debo confesar que mis más excelentes "obras de piedad" serán acompañadas de igual manera con mis más terribles pecados. (Véase Juan 8:7).

Entonces, ¿qué podría colocar en mi maleta para hacerla bien ligera? ¿Cuál es el único argumento que debería llevar consigo en mi alma, en un instante después de mi muerte?  (Hechos 7:51).


Porque hay una sola obra en toda la historia de la humanidad con la que Dios se complace. Hay un solo argumento que puede callar la ira de Dios contra nuestras miserables y pecadoras almas. Hay un solo hecho consumado que puede exonerar todas nuestras culpas y darnos la luz verde para la Vida Eterna.

Millones de cristianos esperan llevar su maleta llena de sus más excelentes buenas obras, por ejemplo: sus predicaciones, viajes misioneros, aquellas personas a las cuales les han hablado de Cristo, las veces que ha ayudado al hambriento o al desnudo, las ocasiones que hayan dado un plato de comida o un vaso de agua al sediento, sus auxilios a los enfermos y abatidos.

 

Otros pensaran en todo el dinero con el cual han aportado a la obra de Dios, sus viajes a la Tierra Santa, sus peregrinaciones, sus sacrificios corporales, sus plegarias, sus horas de ayuno, el tiempo dedicado a la lectura de la Biblia, sus oraciones cargadas de palabras hermosas, su vida de testimonio cristiano, etc. 

Mejor que no pretendamos mencionar nada de lo “bueno” que hayamos podido hacer en esta tierra porque lo más hermoso que hayamos hecho y la obra más loable que hayamos realizado no es digna de mencionarse ante la Santidad de Dios, El Supremo. 

Todos nosotros nos volvimos como alguien impuro, todas nuestras obras justas son como una toalla higiénica sucia. Todos nosotros como una hoja nos marchitamos y caemos. Nuestros pecados nos arrastran como el viento. (Versión PDT, Isaías 64:6).

 

Presentemos a Dios la obra de Cristo muriendo en la Cruz del Calvario por todos nuestras maldades. Este hecho es perfecto y está consumado.  Un plan que fue diseñado por Dios y cumplido por el mismo. (Génesis 3:15, Juan 19:30)

 

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (1ra de Juan 5:11 y 12)

Por favor, a la hora de partir de este mundo, llevemos solo a Cristo y a Su santo sacrificio por todos nuestros pecados.

¡Qué hermoso misterio se nos ha revelado! ya se ha hecho divinamente ligera nuestra maleta para llevar al cielo y no tendremos que colocar ni un grano más de alpiste en ella, porque solo Cristo y Su Obra Santa es suficiente!

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