En un mundo agitado y de tanto stress, todos tenemos la urgencia de poder hallar algún lugar donde podamos sentir un poco de "paz". 

Usted puede darse cuenta que las ciudades más grandes del mundo se esfuerzan por tener parques y áreas de recreo donde las personas puedan hacer un alto en sus vidas, y retirarse a un lugar apartado en busca de "paz".

Otros, en su ignorancia tratan de sentir cierta "paz" siguiendo ciertas normas morales, meditaciones de yoga o ejercicios de concentración mental.

Incluso, hay gente tan materialista que considera que un empleo estable y remunerado, un buen paquete de billetes en el banco, un seguro médico poderoso, unos hijos bien encaminados en la vida, y un lujoso auto y un buen yate podrían aportar un poco de "paz".

¡Oh! ¡Qué necedad la del hombre! Todas estas fuentes de "paz" son inestables, pasajeras e inciertas.

Hace aproximadamente unos 700 años antes que Cristo naciera, el profeta Isaías escribió: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno,

Príncipe de Paz.  

(Isaias 9:6)

Cuando descanso en la obra de Jesús a favor mío, y pongo toda mi vida cristiana en función de la Obra Consumada y perfecta del Hijo de Dios, entonces comienza a fluir una paz que antes la religión cristiana no me ofrecía.

Cuando creo firmemente que el sacrificio de Cristo y su expiación total por mis más terribles pecados presentes, pasados y futuros está consumada, entonces comienzo a tener la certeza de una paz que sobrepasa todo entendimiento.

(Filipenses 4:7).

Es increíble la paz que al corazón da

el conocimiento y el descanso total en el Evangelio de Jesucristo. El hecho de creer y confiar en que Un Justo murió por los injustos para llevarnos a Dios.

(1 Pedro 3:18).

"Paz con Dios busqué ganarla con febril solicitud, más mis "obras meritorias" no me dieron la salud. 

¡Oh qué paz Jesús me da! paz que antes ignoré. Todo nuevo se tornó desde que su paz hallé.

 

De mis obras despojado, ví la obra de Jesús y supe que mi paz fue hecha por Su Obra allí en la cruz"

La paz del verdadero cristiano es el gozo de su salvación. Confiando que en todos sus días, Dios lo observa través de Cristo, y es quien se convierte en su abogado defensor todos los días. (1ra de Juan 2:1).

Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:1).

La paz del cristiano descansa en la roca de los siglos, en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Su paz está en aquel que es el alfa y la omega, el principio y el fin, el Rey de reyes y el Señor de señores. ¡Jesucristo quien ha reconciliado a los pecadores con Dios! Y no hay otro mediador entre Dios y los hombres, sino Él.

(1ra de Timoteo 2:5).

Pueden venir muchas tragedias que azoten la vida del cristiano; pero a pesar de todo, tendrá una paz interior inmensa, porque creerá por seguro la seguridad eterna de su salvación y la certeza de que su paz con Dios fue conquistada por Cristo y no por sus esfuerzos religiosos.

¡Consumado es,

nuestra batalla por ser justificados ha terminado!

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