En Jesucristo

mártir de paz

El legado teológico de los

himnos de mi infancia.

Este himno me recuerda una y otra vez la iniciativa de Dios quien quiso bajar, encarnarse, descender, y morir por nosotros, los pecadores.

Es interesante como el compositor repite y repite en el coro dos afirmaciones muy profundas de las doctrinas de la gracia de Dios.

Gloria cantemos al Redentor,
que por nosotros quiso morir;
y que la gracia del Salvador
Siempre dirija nuestro vivir.

En nuestras luchas, en el dolor,
en tristes horas de gran tentación,

calma le infunde santo vigor,
nuevos alientos al corazón. 

Una vez más el compositor cristiano se hace vulnerable, comprende sus luchas, debilidades y reconoce que solo esa Gracia bendita de Dios es quien lo sostiene día tras día.

No es solo una gracia que es derramada en el instante de nuestra conversión sino que está presente en todo el batallar del cristiano.

"y que la gracia del Salvador,

siempre dirija nuestro vivir"

Cuando en la lucha falta la fe,

Y esté el alma por desfallecer,

Cristo nos dice: “Siempre os daré

Gracia divina, santo poder”.

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