¿Quién es

el Fiel Consolador?

Por Samuel Santiesteban

...y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.
(Juan 16:33).

Todos pasamos por situaciones duras

Todos atravesamos momentos de aflicción. Estos períodos difíciles no siempre son de la misma manera o con la misma intensidad para todos; pero nadie escapa de las aflicciones

y de los sufrimientos que este mundo terrenal y maldecido por Dios nos pueda presentar.

(Génesis 3:17).


La Biblia enseña que todo ser humano está expuesto al sufrimiento y el libro de Job nos relata: “porque  el hombre nace para la aflicción, como las chispas {en el fuego}

vuelan hacia arriba” (Job 5:7).

Como hijos de Dios, ninguno de nosotros estamos exentos de esa realidad. El Señor Jesús dirigiéndose a sus discípulos les dijo así: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”(Juan 16:33).

En estos días estaba reflexionando sobre las pruebas que me han tocado afrontar en esta vida y de pronto vino a mi mente otro himno muy tradicional que escuchaba en mi infancia, y este trata acerca de un Fiel Consolador.

¿Quién es?

Jesús mismo nos habla de esta Persona de la Trinidad cuando dice:

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. (Juan 14:16).

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:26).

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. (Juan 16:7).

Lo que de niño no comprendía

Muchas veces escuché entonar en las iglesias que mi padre pastoreaba este himno del Fiel Consolador; pero no podía comprender para nada la necesidad que tenían los cristianos de este consuelo divino y celestial.

Yo no sabía lo que era pasar por el valle de sombra y de muerte. No había afrontado el dolor, la angustia, la pérdida, la enfermedad, el pecado y sus consecuencias; por lo tanto no tenía la menor idea del porque los cristianos necesitaban al Fiel Consolador.

La necesidad de un Consolador

​Hace más de tres mil años que a un verdadero hombre de Dios ya le urgía esta necesidad cuando dijo: Muchas veces he oído cosas como estas; consoladores molestos sois todos vosotros. (Job 16:2).

El libro de Eclesiastés hace otra conclusión, cuando el predicador dice: Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador(Eclesiastés 4:1).

En el dolor valoras al Fiel Consolador

Los cristianos genuinos no reclaman tanto a Dios por una prosperidad económica para sus vidas. No están enfocados en que ocurran milagros urgentes para la salud de sus cuerpos enfermos, no están afanados por ser grandes y famosos y tampoco corren detrás de éste o del otro para recibir una nueva unción o tener a la mano otro nuevo don.

¿Quién es?

Él es quien da salud y plena libertad a los que encadenó el fiero tentador

Los cristianos, más que todo necesitamos a El Fiel Consolador, al Espíritu Santo, la Persona de la Trinidad que nos garantiza el consuelo de Dios en medio de todas nuestras adversidades y tormentos.

Es el Espíritu de Dios quien nos ratifica el compromiso del Salvador a favor nuestro, quien estará a nuestro lado por siempre, sin fallar, sin rendirse, sin dejar un momento de consolarnos en medio de cualquier turbación que podamos afrontar en esta vida terrenal y pasajera.

Por eso Isaías lo soñaba, lo esperaba y lo contemplaba cuando escribía: Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? 

(Isaías 51:12).

Por la Gracia de Dios he de mantener vigente

este Portal Cristiano y es que debo seguir anunciando que el Padre nos envió a El Fiel Consolador.

Prefiero a Cristo - Jesús A. Romero
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