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La naturaleza de Dios

La naturaleza de Dios
y la mía.

Por Samuel Santiesteban.

Una fábula dice así:
 

Se cuenta que una vez, un maestro oriental vio cómo un alacrán estaba ahogándose en un pozo de agua; y él decide sacarlo fuera.  Cuando lo hizo el alacrán lo picó duramente. Por la reacción al dolor el maestro lo soltó de inmediato y el animal cayó al agua y al instante estaba ahogándose de nuevo.

 

El maestro intentó sacarlo una y otra vez; y cada vez que lo hacía el alacrán volvía a picar con su punzón, sin vacilar.

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Un joven que había observado, se le acercó al maestro y le dijo: ¡Perdone; pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacar a este asqueroso animal del agua este lo picará?. El maestro respondió: La naturaleza del alacrán es picar; pero esto no va a cambiar la mía, que es ayudarle y salvarle.

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Entonces auxiliándose con la hoja de un árbol el maestro sacó al escorpión del agua y le salvó la vida. El maestro no dejó de intentar de encontrar formas y maneras para salvar la vida de este.

Yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.

(NBLH, Salmo 51:5).

Después del pecado original en el huerto del edén, el hombre se encontró escondido de Dios, avergonzado, con miedo, con necedad en su corazón, echándose las culpas unos a otros, con desesperación a causa de su desobediencia y de su agravio al Creador.

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Dios que en esencia es amor, busca al hombre, le encuentra, le cuestiona, le hace túnicas de pieles, cubre su desnudez y los viste. De esta forma Dios promete el canal de salvación eterna, apunta y señala al Salvador. (Génesis 3:8-24).

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Al igual que el maestro oriental comprendía que el alacrán le seguiría picando cada vez que le extendiera su mano; pero decidió seguir salvándole y extendiendo una manera de salvación: la hoja del árbol.

 

Dios al igual ha comprendido que el hombre en su necedad, continuará pecando, seguirá haciendo cosas desagradables a Él, seguirá produciendo picadas en el corazón de Dios. !No importa! Dios ha decidido seguir amándole, Dios ha de seguir extendiendo su gracia y propiciando un medio de salvación. ¡La sangre de Cristo, la cual nos limpia de todo pecado!

Véase, 1 Juan 2:1.

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Jesús dijo: De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Este concepto debe penetrar en las mentes de los genuinos cristianos: Dios nos ama, nos acepta y quiere a todo costo una relación personal con nosotros.

 

Él extiende un medio de salvación incomparable e insustituible, Jesucristo y el derramamiento de Su sangre en propiciación por nuestros pecados.

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Mi relación con Dios no dependerá más de mis actitudes (de mi naturaleza) para ganar el cielo, no dependerá jamás de mi conducta o de la manera de mis comportamientos. !soy pecador, soy como el alacrán! y seguiré pecando; pero Dios en su amor me seguirá amando, me seguirá perdonando y seguirá cada día mostrando la manera de sacarme del hoyo cenagoso y del hueco de la perdición. (Isaías 38:17; Salmos 103:4).

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Y no estamos promoviendo el libertinaje para pecar, sino que no descansamos de proclamar el amor incondicional de Dios por el pecador.

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El maestro oriental decía: "La naturaleza del alacrán es picar; pero eso no cambiará la mía, que es ayudarle y salvarle.

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Dios no cambiará su naturaleza. Él es un Dios inmutable, el alfa y la omega (Apocalipsis 1:8) el que es antes de todas las cosas (Colosenses 1:17). Y su esencia es el amor, por lo que ama a sus criaturas hechas a su imagen y semejanza.(Génesis 1:26). Y hace lo increíble por librarlas de la perdición.

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Dios ama al pecador, anhela vehemente lograr una relación con nuestras almas, y nos regala la salvación. Dios quiere salvarnos de la perdición eterna.

(Juan 3:16).

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- MI NATURALEZA ES: Es pecar.

- SU NATURALEZA ES: Es amar, perdonar y ofrecer la Vida Eterna por medio de la sangre derramada de Su Hijo, provista para mí, que soy pecador.

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Oremos pues, 

¡Dios Mío!, quiero vivir todos mis días creyendo por fe en la esencia de tu naturaleza compasiva, de amor y de misericordia por mí que soy un miserable pecador. Quiero abrazar tu gracia y tu perdón.

 

Señor Jesús, quiero descansar en tu amor incondicional a favor mío, para que cada día me ayudes a serte fiel, y a ser un cristiano más auténtico y menos religioso. Amén.

 

¡Gracias Dios! por tu naturaleza, porque siendo yo un pecador 

Cristo murió por mí. 

(Romanos 5:8).

¡Qué sería de mí si no creyera, con toda confianza en esta naturaleza compasiva y salvadora de Dios!

Que siendo yo un pecador, Cristo murió para salvarme.
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